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Horno de Jaime en Zaragoza (España)
Hola, hornocolegas! Un saludo a todos.
Aquí os mando desde Zaragoza unas fotos del horno que construimos en mi
patio mi amigo Robert, Maribel, mi pareja, y un servidor.

Primero levantamos una base con bloques y
tocho. Sobre ella atravesamos unas barras de forja, que a su vez sujetaban
una plancha de hierro con la forma de la base del hornoUna vez nivelado y
sujeto todo con cemento, echamos una capa de vidrio molido y sal a partes
iguales, y sobre esto, una capa de mortero refractario sobre la que
descansan las baldosas, también refractarias. Vuelta a nivelar.

Ya teníamos la base. Después dibujamos con
un cordel y una tiza el círculo sobre el que iría la primera hilada de
medios ladrillos refractarios. La cuerda (el radio interior de la cúpula)
se fija en el punto central a un clavo o escarpia que se ha insertado en
el suelo de baldosas. Conviene no perderlos de vista, porque sirven para
controlar el ángulo y punto de colocación de los demás medios ladrillos
en la semiesfera que tenemos que hacer.
Presentamos la primera hilada y empezamos por la boca del horno, para la
que preparamos un molde de cartón prensado, que nos ayudó a no torcernos
mucho. El mortero que empleamos para el horno era siempre refractario.

El cordel sujeto al centro nos iba indicando
la distancia y el ángulo que había que darle a los ladrillos. Se van
sucediendo las hiladas. Vamos cubriendo sobre la marcha con mortero
refractario por dentro y por fuera. A tres cuartos de la altura total
insertamos entre los ladrillos de la parte trasera una chimenea de
aluminio corrugado cerrada con una bola de papel para que no le entrase
mortero.
Las últimas hileras y el cierre fueron lo más complicado. En las
últimas nos aseguramos de que no se torciera o se hundiese poniendo unas
piezas de cartón debajo. Luego las quemamos y listo.

Una vez concluido este proceso, Robert le dio
una terminación muy buena con cemento monocapa blanco.

En teoría el horno al modo argentino estaba
ya acabado, pero a mí se me metió en la cabeza que tenía que tener
algún toque local, así que le puse una chaminera, o sea, una chimenea
rústica como las que se ven en los tejados de las antiguas casas
pirenaicas.
Para ello, una vez estirada, fui añadiéndole a la chimenea de corrugado
varias capas de mortero, mezclado con arlita en las de mayor volumen, para
que no pesara demasiado, y utilizando alambre y malla de plástico y de
metal para darle consistencia, y el exterior lo cubrí con monocapa
blanco.

En el borde superior le puse unos trozos
horizontales de ladrillo refractario tallado para aguantar el peso del
sombrero de la
chaminera. Éste lo hice con trozos de laja de pizarra que me consiguió
Raúl, un amigo argentino. Las lajas, sujetas por una piedra, descansan
sobre una chapa de metal, y todo esto sobre trozos verticales de ladrillo
refractario. Luego, un lavado final con monocapa blanco, y a funcionar.
Para mayor variedad de estilos, Maribel, mi compañera, me dio un
tchorteng tibetano en miniatura para rematarlo. Y ahí está. Me ha
costado mucho más tiempo de lo que yo pensaba, pero ya está terminado, y
estoy muy orgulloso de mi horno.
Os aconsejo que os hagáis el vuestro. No es tan complicado.
Un abrazo.
Jaime.

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